El respeto por los ingredientes.

Estilo de vida
El respeto por los ingredientes.
Por DosConSentidos
19 marzo, 2019

Todos en algún momento hemos descartado un plato de comida, tal vez lo hemos dejado de lado, es algo normal que a veces pasa por cientos de razones. También, todos hemos hecho las veces de críticos culinarios y hemos juzgado algún plato contrastándolo con factores como nuestros conocimientos y gustos propios, y sin lugar a duda, hemos visto traspasar la barrera del respeto culinario, cuando a un plato se le ha juzgado como monótono, plano o aburrido. Algo que sencillamente no está bien.

Existen muchas razones por las que comensales y amantes de la gastronomía han comenzado a opinar con criterio de los platos que les proponen en la mesa. Factores como, un mayor acceso a distintos tipos de comida, una mejor interacción con el mundo culinario y la globalización, que hace factible acceder a recetas e ingredientes de casi todo el mundo son algunas de ellas. Al interactuar con estos factores, se crean nuevas experiencias que amplían nuestros conocimientos gastronómicos dándonos la libertad de opinar con cierto nivel de conocimiento.

Pero este bombardeo de información también trae un aspecto negativo que se debe cuidar para no caer en posturas arrogantes y desproporcionadas, de esta forma darle una verdadera apreciación a los alimentos que nos ponen en la mesa. Pues es común ver como personas sin conocimientos culinarios reales, juzgan algunas preparaciones, dándoles apelativos completamente peyorativos e injustos en la mayoría de los casos.

En el caso particular de aquellos, hay quienes quieren emular los comentarios de chefs altamente exitosos, que aparecen en muchos programas de televisión. Sin duda esta influencia proviene de los formatos “programa de telerrealidad” donde se juzgan las preparaciones de los cocineros, expertos e inexpertos y es donde más vemos como critican con esos términos de extrema dureza a las creaciones de los concursantes. Entonces derivativamente no es raro escuchar a personas tratar con estos mismos términos a algunas creaciones culinarias, pero sin conocimientos reales de fondo, sin considerar que hay un largo camino por recorrer para poder llegar a tener una perspectiva similar a la de estos maestros de la culinaria.

Por el momento volvamos a lo básico en pro del respeto culinario. Hagamos un pequeño ejercicio mental. Por un instante pensemos que en nuestra nevera no hay leche y que debemos conseguirla. ¿A qué lugar fue nuestra mente a conseguir este producto? Tal vez a la tienda más cercana, o al almacén de grandes plataformas de nuestra conveniencia, o pensó en hacer una llamada para que alguien se la traiga a casa. Y ahí está el gran error.

Nuestro colectivo imaginario nos ha llevado a pensar a base de costumbre e influencias mediáticas, que los ingredientes con los que cocinamos en casa provienen de algunos de estos lugares, cuando el camino que ellos recorren para llegar a nosotros es mucho más largo y muchas veces más tortuoso.

Siguiendo el caso de nuestro ejemplo, la cadena humana que trae la leche a nuestra casa comienza con un campesino. Uno que se levanta muy de madrugada para cuidar las vacas, alimentarlas y ordeñarlas. Que lo más probable es que a ese campesino le recojan la leche a una hora muy temprana de la mañana y que tal vez no se la paguen tan bien como quisiera. Lo mismo pasa con los huevos, o con cualquier otro alimento que llega a nuestras despensas. Hasta un grano de arroz trae con él una historia, una que implica el esfuerzo de muchas personas y animales.

En nuestro pasado como humanidad, la comida era sagrada en cientos de culturas de nuestros orígenes primarios y tribales. Todas ellas, veían en nuestras fuentes de alimento la divinidad de la vida. Una realidad altamente contrastante con lo que vivimos en este momento, donde la globalización y el comercio internacional nos hacen ver lo que comemos como productos de consumo, despojando de cualquier santidad a la comida en general.

Pero decir que volvamos a creer en la comida como una divinidad es algo ingenuo, tal vez volver a ver su importancia real, su papel como elemento que nos conecta con nuestro planeta, con nuestra cultura, con la vida misma, es algo que debemos comenzar a considerar.

Tal vez es más sensato, pensar que los alimentos merecen nuestro respeto, por ello es importante preservarlos bien y sacarles su máximo provecho. Podríamos seguir el ejemplo de esos chefs que mencionamos al comienzo, pero esta vez de la manera correcta. Ya que ellos aprovechan cada alimento de la mejor forma, conservandolos y utilizándolos al máximo, involucrándose en la cadena que los trae a sus mesas, descubriendo el lugar de donde provienen, hablando con los campesinos que los cultivan o con los distribuidores de las plazas de mercado, llegando a algunos acuerdos que benefician a ambas partes.

Estos chefs son artistas y todo arte busca transmitir algo, ellos viven la gastronomía cada momento de sus vidas, y es por lo que muchas veces juzgan con extrema dureza una creación culinaria, permitiéndose decir que un plato es monótono, plano o aburrido, pero no debemos confundir sus palabras, ni mucho menos su postura con la nuestra de comensales y amantes de la gastronomía. Nosotros simplemente debemos dejar las críticas mordaces cuando hablamos de un plato de comida, y tal vez buscar términos más cordiales cuando hablamos de los alimentos que nos ponen en la mesa.  

En Dos Con Sentidos, amamos el mundo culinario, es una pasión que nos lleva siempre a querer explorar, refinar y saber más de este mundo, pero a veces cuando se observa hacia lo lejos por mucho tiempo, corremos el riesgo de que nuestros pies tropiecen. Por ello es necesario volver a lo básico asentar bien nuestros pies en la realidad y retomar ese amor por la gastronomía, no como quien ama un árbol por sus hojas, sino por sus raíces.

Por: David Vélez Gómez para Dosconsentidos.com

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