Consider the fork, instrumentos que nos definen.

Estilo de vida
Consider the fork, instrumentos que nos definen.
Por DosConSentidos
19 marzo, 2019

Existen en el mercado libros gastronómicos tan variados que abarcan temas tan específicos como las papas, el bacalao, el chocolate, pasando por historias de libros de cocina, hasta restaurantes y algunos cocineros increíbles, pero aún no se había tocado a profundidad una historia general de la tecnología de los alimentos. Este libro es un estudio que abarca todos estos panoramas. Desde la invención de las ollas y sartenes, pasando por los hábitos de uso de los cubiertos y las diferentes formas de aprovechar la combustión, hasta los muebles de laboratorio más absurdos de los “modernistas” de la cocina de hoy, como les llama su autora Bee Wilson.

La autora comienza planteándonos un problema en su libro, pues según ella, “Aparentemente, primero se debe persuadir al lector de que la comida es un tema respetable” aludiendo a tanta gente critica del mundo gastronómico, quienes aún no consideran que lo más profundo de la historia de la humanidad se relaciona con la comida y su evolución tecnológica y que no solo afecta al hombre en su biología sino también en su comportamiento social.  “La comida es el gran humano universal”, alega Wilson. “Nada es seguro en este mundo, excepto la muerte y los impuestos, dice el refrán. Realmente debería ser la muerte y la comida”.

Una vez aclarada la importancia de la comida y el peso que tiene en la humanidad, la narración del libro se vuelve apasionada y persuasiva. Los cambios en la tecnología de los alimentos alteran lo que se puede preparar como una comida, cambiando así lo que se come habitualmente, a menudo, estimulan cambios sociales más amplios. Las primeras ollas de barro, dice Wilson, permitieron la invención de las sopas, lo que significaba que más humanos podrían sobrevivir hasta la edad adulta, incluso si hubieran perdido todos sus dientes. Otros desarrollos analizados aquí, con bastante gracia académica son la encimera de gas y el refrigerador. Si el frigorífico se hubiera inventado antes, Wilson señala que nunca hubiéramos comido tocino o salmón ahumado. Una vez inventado, la gente en el oeste de repente comenzó a tragar yogur como si no hubiera mañana.

La autora cuenta con minuciosos detalles cómo desde la prehistoria, los humanos han desgastado cuchillos afilados y usado el fuego para transformar los ingredientes crudos en algo delicioso, o al menos comestible. Son las herramientas las que dan forma a lo que comemos, pero también transforman la manera en que consumimos y cómo pensamos acerca de nuestros alimentos. La tecnología en la cocina no solo significa los Pacojets y el sous-vide de la cocina modernista. También puede significar las herramientas más humildes de cocinar y comer todos los días: una cuchara de madera y un sartén, palillos y tenedores.

Algo que quisiera  resaltar de este libro, cuando su autora escribe: “Las cucharas sostienen un espejo de la cultura circundante precisamente porque son tan universales” Las cucharas, junto con sus compañeros y rivales, palillos y tenedores, son definitivamente una forma de tecnología. Sus funciones incluyen servir, medir y transportar alimentos del plato a la boca; sin mencionar las cucharas culinarias para revolver y raspar, raspar, levantar y calentar. Cada sociedad humana tiene cucharas de un tipo u otro. En sí mismos, estos utensilios son de modales suaves, ciertamente en comparación con el cuchillo. Las cucharas son lo que damos a los bebés, ya sean cucharas ceremoniales de bautizo de plata o cucharas de destete de plástico poco profundas que contienen los primeros bocados de arroz para bebés. Agarrar una cuchara en el puño es uno de los primeros hitos en nuestro desarrollo. Las cucharas son benignas y domésticas. Sin embargo, su construcción y uso a menudo han reflejado pasiones profundas y prejuicios fuertemente arraigados.

Al despedirse con un capítulo caprichosamente breve sobre el café, Wilson señala que la moda de las costosas máquinas de espresso para el hogar ha dado paso últimamente, entre los serios adeptos de ese notable grano, al redescubrimiento de las alegrías de la cafetera y la máquina de filtro. Tal vez, sugiere juguetonamente, la próxima cosa nueva resultará en la combinación aún más cruda de “jarra y cuchara”. Al final nos deja un mensaje de afecto por nuestros instrumentos culinarios más básicos y cómo con estos transmitimos nuestro amor a través de la comida, ya sea a nosotros mismos para nuestros seres queridos cuando cocinamos con ellos.

 

Por: David Vélez Gómez para Dosconsentidos.com

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